Libertades en riesgo
Claves para animarnos a diseñar otro futuro
El jueves pasado estuve en el Festival Anfibia. Soy becaria de la revista, así que no llegué por casualidad — lo hice sabiendo que algo de eso me iba inspirar para luego traérselo a ustedes y profundizar mis investigaciones. La mesa de debate fue una delicia, desde antropólogas del Conicet, pasando por sociólogas de la UNSAM, penalistas antipunitivistas, comunicadoras y Oxfam, un movimiento mundial formado por personas que trabajan juntas para acabar con la injusticia de la pobreza. Ahí se presentó un informe elaborado por ellxs que se llama
Libertades en riesgo: ¿quién gana y quién pierde? Grupos antiderechos y desigualdades en América Latina y el Caribe.
El informe y debate contaron con precisión quirúrgica algo que ya estábamos viendo, pero con bibliografía, datos y un mapa de actores. Este tipo de laburo es clave para poder argumentar, sobre todo porque estamos en la era de la posverdad y vivimos chequeando qué es real y qué no.
Lo que el informe dice
La tesis central es estructural: lo que está pasando con los derechos en la región no es un conjunto de decisiones desconectadas de gobiernos individuales.
Es una ofensiva coordinada, financiada y transnacional que articula élites económicas, fundamentalismos religiosos y derechas radicalizadas en torno a un objetivo común — sostener un sistema de privilegio que los procesos de democratización habían empezado a erosionar.
El informe los llama «grupos antiderechos» y los describe como un ecosistema, no como una ideología uniforme. Conviven dentro de él think tanks seculares, iglesias neopentecostales, partidos de ultraderecha y organizaciones de la sociedad civil de apariencia laica. Lo que los une no es la doctrina sino el enemigo común: los feminismos, los derechos LGBTIQ+ y, sobre todo, cualquier política pública que redistribuya poder sobre los cuerpos y los recursos.
Algunos datos del informe que merecen ser leído con tiempo:
El 1% más rico de América Latina posee más riqueza que el 90% de la población restante. En el último año, la riqueza de los milmillonarios de la región creció 16 veces más rápido que la economía regional. Mientras tanto, 3 de cada 10 mujeres no tiene ingresos propios — el doble que en el caso de los hombres.
En América Latina, 3 de cada 4 abortos son inseguros según la OMS. Entre el 4,7% y el 13,2% de las muertes maternas se producen por abortos en esas condiciones. La restricción legal no reduce los abortos: los vuelve mortales, y mortales sobre todo para las más pobres.
En 2024, 3.828 mujeres fueron víctimas de femicidio o feminicidio en la región. 361 personas LGBTIQ+ fueron asesinadas.
En Argentina, durante 2024, distintas políticas de prevención y atención de la violencia de género sufrieron fuertes recortes presupuestarios. Según un informe de ACIJ y ELA, el programa que incluye Acompañar y la Línea 144 redujo su ejecución presupuestaria en un 65% durante el primer bimestre de 2024 respecto del mismo período de 2023. Además, en 2025 el Ministerio de Justicia anunció el cierre de 13 programas vinculados a igualdad de género, salud sexual y reproductiva, derechos LGBTIQ+ y prevención de la violencia de género.
Ninguno de estos números es nuevo. Lo nuevo es el argumento que construye el informe alrededor de ellos: esto no es negligencia ni atraso cultural. Es una estrategia con financiamiento del Norte Global.
Tiene redes de formación política de élite, litigantes jurídicos especializados en bloquear normativas de igualdad, medios propios y bots. Y tiene, sobre todo, una narrativa que aprendió a secularizarse — ya no habla de Dios sino de «libertad», de «familia», de «sentido común».
Si en algún momento sentiste que tenés una historia que contar pero no sabés por dónde empezar, el deseo es el punto de partida. Estoy haciendo encuentros 1:1 para acompañar a personas que quieren aprender a narrar, investigar y contar sus propias historias. Todas mis propuestas están en mi web.
El truco del siglo: robarse el lenguaje de los derechos
Una de las cosas más inquietantes que documenta el informe es la apropiación estratégica del discurso de derechos humanos por parte de los grupos antiderechos. Dejaron de presentarse como religiosos conservadores y empezaron a presentarse como defensores de los derechos del niño, de la familia, de la libertad de expresión. Tomaron la gramática que el feminismo y el activismo LGBTIQ+ construyeron durante décadas y la usaron para desmantelar lo que esa gramática había conseguido.
Sumo al informe mi mirada como comunicadora, una conclusión rápida que saco post conversatorio: la derecha supo reposicionarse como revolucionaria e irreverente frente a un progresismo que fue devorado por su propia corrección política. Ahí está el nudo: no alcanza con tener razón. Hay que tener también la capacidad de hacer que esa razón circule, se instale, se vuelva sentido común.
¿Está en nosotrxs, quienes dialogamos con la academia pero no somos parte de ella, devolver un poco el picante al asunto? ¿O es algo colectivo a plantearnos como movimiento todo?
Tres escenarios posibles (Spoiler alert, ninguno es cómodo)
El informe no es un texto de prospectiva — es un diagnóstico del presente. Pero leerlo desde la perspectiva de quién diseña futuros obliga a proyectar. ¿Hacia dónde va esto?
Veo tres escenarios plausibles, y los tres coexisten en distintas proporciones según el país, la ciudad, el barrio.
Escenario 1: La normalización lenta. Los retrocesos se acumulan hasta que dejan de percibirse como retrocesos. Las generaciones más jóvenes crecen en un contexto donde los programas de salud sexual ya no existen, donde la ESI es una rareza, donde el femicidio volvió a llamarse “crimen pasional”. No hay un momento de quiebre dramático — solo una acumulación de ausencias que se vuelven normales. Este es el escenario más peligroso precisamente porque nos entumece.
Escenario 2: La polarización como parálisis. El conflicto se intensifica pero no se resuelve — se convierte en un loop performativo donde cada “bando” produce contenido para los suyos sin lograr mover el centro. Las redes sociales amplifican la sensación de batalla cultural permanente mientras las políticas concretas se desmantelan en silencio, lejos del escándalo. La energía política se gasta en debates de visibilidad, no en incidencia real.
Escenario 3: La articulación desde abajo. Es el escenario que el informe mismo señala como posible, aunque minoritario en este momento: movimientos que aprenden a construir alianzas interseccionales, a traducir sus causas a lenguajes que no sean solo los propios, a disputar imaginarios sociales además de normativas. Organizaciones que conectan lo local con lo transnacional. Activismos que se renuevan narrativamente sin perder rigor político.
El tercer es una hipótesis de trabajo. Y requiere algo que escasea: espacios donde pensar colectivamente sin el ruido del algoritmo, sin la urgencia del ciclo de vida de las noticias, sin la presión de la viralización.
Por qué el pensamiento colectivo no es un excentricidad
Una de las cosas que el informe identifica como estrategia de los grupos antiderechos es el cierre del espacio cívico — la criminalización de la protesta, la estigmatización de las activistas, el desfinanciamiento de las organizaciones de la sociedad civil. No es casual: el espacio donde la gente se junta a pensar en común es exactamente lo que estas corrientes necesitan reducir.
Porque el pensamiento colectivo produce algo que el algoritmo no puede producir: fricción productiva. La posibilidad de que una idea choque con otra y salga transformada. La experiencia de encontrar que alguien piensa diferente a vos y eso no es una amenaza sino una coordenada.
Eso es lo que buscaremoss hacer con el ciclo Futuras, creado junto con Antropóloga pero piola .


Futuras - Laboratorio de Ideas — Jueves 4 de junio, 21h, La Paz Arriba.
Voy a estar en La Paz Arriba con Agus Kupsch — antropóloga social, creadora de Panóptico Cultural — para hacer la primera edición del ciclo Futuras.
Es un encuentro presencial de dos horas. Es un espacio de pensamiento colectivo donde vamos abrir con un tópico que nos atraviesa como sociedad, a usar herramientas de las ciencias sociales y debatir para hacer exactamente lo que el presente nos dificulta: mapear supuestos, cruzar teorías, y diseñar colectivamente futuros posibles.
Porque si el futuro ya está siendo diseñado por quienes quieren clausurarlo para la mayoría, ¿qué pasa cuando decidimos diseñarlo nosotras?
Si sentís que el presente te aturde y necesitás un espacio para cruzar ideas y ensayar horizontes posibles, comprá tu entrada acá. Hay combos de a 2 y de a 4 para que te vengas con amigxs a diseñar salidas. La forma es en presencia, pasandola bien y colectivamente, justamente lo que nos quieren quitar.
La entrada tiene un valor accesible. Las entradas son sujetas a capacidad del lugar y ya están volando (quemocion)
Nos vemos pronto,
Vicky.



